Preparación
En un bol grande, colocar la leche tibia junto con la levadura seca, el azúcar, el huevo y la manteca derretida. Batir bien hasta integrar todos los ingredientes.
Agregar la harina en dos tandas: primero la mitad y mezclar un minuto, luego el resto junto con la sal. Unir bien hasta formar una masa.
Amasar durante unos 10 minutos hasta que la masa quede suave, lisa y elástica. Formar un bollo y colocarlo en un recipiente ligeramente aceitado. Cubrir con un paño limpio y dejar reposar hasta que duplique su tamaño.
Una vez levada, dividir la masa en 10 porciones iguales. Formar bollitos y acomodarlos en un molde de 24 cm previamente enmantecado o enharinado.
Tapar y dejar reposar nuevamente hasta que los bollos crezcan y se junten entre sí.
Pincelar con yema de huevo batida y espolvorear con azúcar gruesa para darle ese toque de pan de confitería.
Hornear en horno precalentado a 180 °C durante 40 a 45 minutos, o hasta que al pinchar con un palillo salga limpio.
Dejar enfriar apenas antes de desmoldar y servir.
Consejos:
Si querés un aroma más especial, añadí ralladura de limón o de naranja a la masa antes del amasado.
Guardá el pan en una bolsa de nylon o recipiente hermético para que se conserve tierno durante 2 o 3 días.
Si lo preferís más dulce, podés sumarle un par de cucharadas extras de azúcar a la masa.
Para una textura más aireada, asegurate de darle suficiente tiempo de levado en cada reposo.
Podés acompañarlo con dulce de leche, mermelada o manteca: combina perfecto en el desayuno o la merienda.
Con esta receta vas a tener un pan casero tan rico y esponjoso que no vas a querer volver a la panadería.